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El SARS-COV-2 no es el primer virus que causa estragos en la población mundial, aunque sí la primera pandemia del siglo XXI. Y como tal, la historia ha probado que tras una catástrofe de esta índole siempre ha habido cambios fundamentales en la sociedad. En este sentido, unas de las áreas que con más urgencia necesita esa transformación, y no solo a medio y largo plazo, sino a corto también, es la sanidad.

Una sanidad agotada, y no solo por la pandemia, sino por todo el rastro de consecuencias que el virus está dejando a su paso. Consecuencias ocultas tras las noticias de colapso, de contagios y de fallecimientos tan preocupantes como la demora de las operaciones y las consultas postpuestas. Solo en la Comunidad Valenciana, una de las más afectadas en esta tercera ola, estas cifras llegan a las 60.000 operaciones aplazadas y 1,3 millones de consultas especializadas en espera.

Y es que, aunque respiradores, EPIS, y materiales COVID no van a faltar en esta ocasión, la ampliación de camas para enfermos críticos y la atención del personal sanitario que estos necesitan tiene y, tendrá, un coste muy alto. Un coste que afecta de forma grave a la atención de otras patologías. De hecho, tal y como expresa Fernando García, presidente provincial de CSIF Sanidad, en La Provincias: “Cuando se normalice la pandemia vamos a tener otra grave crisis sanitaria, algo que no hemos visto en la vida».”

Precisamente, la COVID-19 ha puesto en relieve de forma acelerada esa necesidad de un cambio real en el modelo sanitario. Un sistema asistencial que, a pesar de parecer estable, ha mostrado sus carencias.

Unas deficiencias que llevan siendo señaladas desde hace tiempo por los propios profesionales en informes que dejaban constancia, por ejemplo, de picos de carga asistencias y colapsos en los servicios de urgencias en ciertas épocas del año. Una acumulación de problemas no resueltos se ha multiplicado con la pandemia y han llevado a nuestros recursos sanitarios y sus profesionales a estar completamente desbordados.

Antonio Cabrera, secretario general de la Federación de Sanidad de CC.OO., afirma en los medios que “la depredación de recursos sanitarios por parte de la pandemia, tanto materiales como humanos, puede apreciarse con total claridad en las listas de espera quirúrgicas, que se han disparado hasta niveles inasumibles.”

Para obtener cifras oficiales hay que remontarse a Junio de 2020, actualmente no hay datos actualizados, aunque según Cabrera las cifras que maneja su sindicato son abrumadoras: “A nosotros nos consta que se supera con creces el millón de operaciones quirúrgicas en espera».

Y no solo preocupan las operaciones; intervenciones de pronóstico menos grave y urgente, revisiones rutinarias o exploraciones se están reduciendo al mínimo en patologías como las cardiovasculares, a pesar de que estas representan la principal causa de muerte en España. De hecho, según la Sociedad Española de Cardiología, por cada paciente COVID fallecido, existen entre cinco y seis fallecimientos por problemas de corazón.

Al grave riesgo que están sufriendo los pacientes cardiovasculares, hay que sumar también otro de los grandes grupos afectados colateralmente por la pandemia como los pacientes oncológicos.

A pesar de que los tratamientos en marcha se han mantenido y los pacientes han podido seguir siendo atendidos, el peligro real de la saturación sanitaria está en aquellas personas en fase de diagnóstico. La detección precoz salva vidas, y no poder realizarla supone un riesgo grave para la salud de los pacientes.

Esta situación descontrolada requiere de una solución urgente, no solo para superar al virus, sino para ser capaces de volver realmente a la normalidad sanitaria.

Un reto en el cual la tecnología y la digitalización pueden ser claves para sumar las herramientas necesarias que apoyen a los profesionales en la transformación sanitaria.

Cómo afrontar el reto sanitario de la pandemia y sus consecuencias colaterales

Frenar y minimizar las listas de espera
Según las últimas cifras, en junio de 2020 más de 700.000 personas engrosaban la lista de espera sanitaria, con una media de espera de 170 días. Datos que, de ser actualizados en estos momentos, podrían ser muchísimos más graves y alarmantes. Esta situación requiere medidas ya, no se puede esperar más o de lo contrario, esta espera puede tener consecuencias fatales para muchas de esas personas que se encuentran en la lista a la espera de atención. Sin embargo, estas medidas no pueden recaer enteramente en un personal sanitario que está dando lo mejor de sí mismos. Miles de personas haciendo esfuerzos sobre humanos a los que no podemos exigirles más. Debemos utilizar las herramientas a nuestro alcance, delegar en la tecnología y la digitalización para conseguir optimizar recursos tan valiosos como los quirófanos.

 

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Aumentar y mejorar el flujo de pacientes
Implementar herramientas y estrategias que permitan regular el flujo de pacientes supone grandes ventajas para el sistema sanitario, en especial un sistema saturado y que necesita de mayor grade de seguridad como el nuestro. Y es que mediante la tecnología y la digitalización de ciertos elementos es posible que los pacientes pasen menos tiempo dentro del centro hospitalario, permitiendo el ingreso de casos nuevos, y teniendo un menor riesgo de contagio dentro de las instalaciones.

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Optimizar la capacidad de gestión del equipamiento, camas y quirófanos
Situaciones de crisis como la actual provocan la saturación sanitaria de los recursos. Ser capaces de optimizar al máximo su uso para poder favorecer al mayor número de pacientes posibles es factible con la estrategia adecuada. Una estrategia donde la tecnología es nuestra mayor aliada.

Mantenga a los pacientes informados, cómodos y seguros
Actualmente el ingreso hospitalario para muchos pacientes significa incertidumbre, miedo ante cuál será el siguiente paso, inquietud por parte de los familiares, extremar las precauciones y la protección de los pacientes y familiares no tiene porqué significar una falta de información y comunicación. Si bien el personal médico está desbordado, las herramientas digitales pueden ser clave a la hora de cubrir una necesidad tan importante como conocer el estado de un familiar.

Optimizar el rendimiento Urgencias con soluciones de flujo de paciente
Con las consultas en atención primaria minimizadas al máximo o realizadas de forma telefónica y el miedo que puede generar acudir al médico, ciertas dolencias terminan por convertirse en una urgencia y acaban convirtiendo este departamento en uno de los más demandados. Por eso, y ante la gravedad de la situación, es vital que el protocolo de urgencias sea lo más preciso y fiable posible, manteniendo siempre la distancia de seguridad entre otros pacientes afectados por otras patologías, así como la seguridad de todo el personal que trabaja en el área de urgencias (seguridad, celadores, enfermeras, médicos, …) y creando un flujo de pacientes continuo, estable y eficaz que evite el colapso. Siendo conscientes de la necesidad de centros sanitarios donde prime la eficiencia, la digitalización debe ser una herramienta más de trabajo en la cual todo el personal puede apoyarse.

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